20 de noviembre de 2014

A vueltas con las naranjas

Los proyectos artísticos que suelo encontrarme cada día, en exposiciones, conversaciones o en las redes sociales, suelen ser trabajos sobre un tema concreto vistos a través de la mirada del artista. Muchas veces son temas destacados, que todos oímos en las noticias (como proyectos sobre algún conflicto armado) y muchas otras veces los artistas toman un trozo de la realidad cotidiana y le dan un nuevo sentido, un toque poético sobre algo en lo que no habíamos reparado. Sin embargo, de lo que voy a hablar hoy aquí es un proyecto que me ha llamado la atención porque no es ni lo uno ni lo otro. La primera impresión que tuve cuando me acerqué a El por qué de las naranjas de Ricardo Cases (Orihuela, Alicante, 1971) es lo extraño de todo el conjunto. No se sabe muy bien de qué va, en qué ha querido centrarse el fotógrafo, o dónde están las famosas naranjas.

Aunque ya había oído hablar de este nuevo proyecto, fue hace unos días cuando conversando con su galerista, Ángeles Baños, me entró más curiosidad por conocer la razón oculta de las naranjas; en FOROSUR_CÁCERES_14 se presentaba una parte del trabajo en unas fotografías de pequeño tamaño en el stand de la galería.

El trabajo de Cases no es nuevo para mí. Le sigo la pista desde aquella Belleza de barrio que retrataba a las mujeres con su atuendo laboral y todo lo que cada una añade (maquillaje, joyas…), y Paloma al aire, su trabajo más reconocido, sobre la colombicultura española. Sin embargo en estos dos había algo en común, había una intención previa: Ricardo buscaba en unas la belleza kitsch, el exceso, y en otros la diversión desde lo banal, la necesidad de llenar el tiempo para no sucumbir ante su paso.

En El por qué de las naranjas aparentemente nada une a unas fotografías con obras; vemos una concatenación de imágenes aparentemente inconexas…pero a medida que pasamos por unas y otras el ritmo aparece, y el sentido que las mantiene unidas también.

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El Levante, la zona donde nació Cases, y a la que vuelve tras una crisis personal, es una región muy concreta, construida en torno a un auge espectacular del turismo de playa, y que en la situación actual de crisis económica pierde, de pronto, su sentido. Urbanizaciones vacías, casas que se venden, hoteles sin turistas…y habitantes que ya son parte de allí y cuya identidad se ha conformado en ese contexto tan confuso, retratado a golpe de flash en las fotografías de Cases. Las naranjas, el símbolo máximo de Valencia y su entorno, está buscando su por qué.

¿Hay algo de poético de las fotografías? ¿Por qué esos lugares y no otros?

El mínimo planteamiento que me hice al comenzar este trabajo fue delimitar el territorio. Me propuse trabajar sobre el lugar donde vivo con dos objetivos: por un lado conocerlo y descubrirlo con la excusa de la fotografía (o a la inversa, con la excusa del lugar, hacer fotos) y por otro reconocerlo, dado que había nacido y vivido 20 años en el Levante. Soy de Orihuela (Alicante) y los paseos por la costa y el campo valenciano me ilusionaban, me emocionaban, porque, a pesar de estar a 200 kilómetros de mi pueblo, reconocía la luz, el paisaje y la cultura de un lugar. Pero esta ilusión se evaporaba cuando llegaba hasta la Vega Baja del Segura y comprobaba que el arroz (la paella) era otro. En definitiva, en todo este tiempo he estado trabajando con estos lugares que mantenían una estrecha relación con mi pueblo, con los recuerdos de gran parte de mi vida.

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¿Fue difícil descartar a la hora de seleccionar las fotos finales?

Esta cuestión puede ser una de las tareas más interesantes para el fotógrafo. Pienso que lo que define un trabajo no es solamente la propia fotografía, sino la decisión sobre las mismas, el filtro que se hace durante la producción y su uso: las combinaciones, las secuencias, las cuestiones que se pueden plantear mediante las relaciones entre ellas. En mi caso, trato de jugar con grupos de fotos y buscar posibilidades semánticas no sólo en cada imagen, sino en series de imágenes. Debido a esto, el libro es para mí, hoy por hoy, el soporte más interesante ya que facilita estos juegos.

“Lo que define un trabajo no es solamente la propia fotografía, sino la decisión sobre las mismas”

A menudo se habla de ti por ser parte del colectivo Blank Paper, ¿cómo influye esto a la hora de trabajar en el contexto español? ¿La unión hace la fuerza?

Blank Paper no ha funcionado como una plataforma de difusión de proyectos sino como un grupo de trabajo, un contexto crítico donde hacer crecer los proyectos de cada fotógrafo. Mi verdadera formación comenzó a través de los libros, de los debates y del espíritu crítico que me encontré en este colectivo.

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En la presentación del libro que hiciste en Blank Paper Escuela en Madrid agradecías el trabajo de Víctor Garrido, ¿por qué es importante en este proyecto?

Tanto en este como en otros trabajos ha sido el guardaespaldas de mis fotos en la producción de los libros. Alguna vez ha evitado la catástrofe en el último minuto pudiendo arruinarse el trabajo de años. Víctor es la garantía de que las imágenes que publicas sean las tuyas.

“En mi trabajo se destilan todas esas cosicas tan básicas en uno como el humor de tu madre”

Los colores llamativos, la estética de lo kitsch…tu forma de ver el mundo es muy particular, cargando de poética las cosas que la gente despreciaría o calificaría de “hortera”, ¿qué opinas? ¿lo sientes así o es algo inconsciente?

Siempre me planteo los trabajos y las fotos de una manera intuitiva, tengo plena confianza (para bien o para mal) en la espontaneidad, en ese día arrebatado que sales de casa como un perro que busca trufas. Así pues, en los trabajos se destilan todas esas cosicas tan básicas en uno como el humor de tu madre, la luz que disfrutaste en la Playa de los Locos cada verano, o las descacharrantes composiciones de Miguel Ángel Tornero.

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¿Martin Parr o Carlos Pérez Siquier? ¿Cuál de los dos está más en tus influencias?

He disfrutado mucho los dos trabajos pero considero que Miguel Ángel, el carpintero que trabaja con mi cuñado, o José Ramón, el portero de la casa donde vivía en Madrid, han influido descaradamente en mi trabajo.

Para mí la foto es, ante todo, disfrute”

 

En El por qué de las naranjas hay una parte de experiencia biográfica que se mezcla con el tema de Levante, Valencia y el turismo, ¿podríamos considerarlo una forma de terapia? ¿Una vía de escape para Ricardo Cases para salir adelante? ¿La fotografía como salvavidas?

Suena demasiado tremendo para ser verdad. Para mí la foto es, ante todo, disfrute, una diversión y puede que esto acompañe estupendamente a las difíciles experiencias que todos tenemos pero también a las buenas.

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