14 de octubre de 2013

Algunas notas sobre fotografía, serenidad y Wim Wenders

El pasado jueves pudimos charlar en vivo con uno de los directores de cine más destacados, Wim Wenders (Dusseldorf, 1945). Conocido por ser pionero en el nuevo cine alemán de los 70, Wenders acudía a la Fundación Sorigué para abrir al público la muestra de sus fotografías panorámicas por primera vez en España. Un total de 16 imágenes de gran formato que muestran, entre otros temas, la Zona Cero de Nueva York o el desastre nuclear de Fukushima.
En un desayuno con el director donde adelantaba algunas novedades de su próximo film, “Everything will be fine”, a estrenarse en un año y con James Franco entre el elenco, Wenders explicaba también algunas claves que le han llevado a retratar paisajes solitarios como los desiertos de Australia en esta exposición.
“Soy un fotógrafo de la vieja escuela, mi fotografía está hecha sin retoques para mostrar cada imagen tal como yo la vi. Soy un intérprete de las historias del planeta”.
Así, durante los últimos 20 años el director de cine ha ido recorriendo distintos países en los que ha rodado y en los que ha realizado sus series fotográficas. Se confiesa deseoso de ser pintor en su infancia y concibe su trabajo fotográfico como una respuesta a este deseo.
“Haciendo cine realmente me confieso trabajólico, me muevo rápido; en cambio en la fotografía voy lento, me tomo tiempo… y por eso amo la fotografía. Como fotógrafo me gusta mostrar lo que veo, la realidad. Simplemente estoy en ese lugar para escuchar, para que los lugares me cuenten algo”.
En la rueda de prensa Ana Vallés, directora de la Fundación Sorigué, hacía un pequeño esbozo de la línea que seguían las piezas expuestas, unidas entre sí por una introspección constante y una reflexión a través del silencio.
Fotografías realizadas en distintos momentos vitales y profesionales de Wenders pero que tienen en común una firme serenidad visual incluso en aquellas donde el caos parece ser el protagonista, como en las imágenes de la Zona Cero.
La exposición se organiza en torno a tres temáticas diferenciadas: “Ground Zero”, una selección de panorámicas de Nueva York tras los atentados del 11-S (en donde Wenders se coló haciéndose pasar por asistente de un fotógrafo autorizado); “Silence of the Earth”, paisajes provenientes principalmente de Australia y Estados Unidos, yFukushima”, imágenes de la ciudad de Iitate después del desastre nuclear.

Las fotografías, que impresionan por su tamaño (
algunas de 4 metros de largo y más de 2 metros de ancho) muestran en una calidad excepcional paisajes y momentos concretos en los distintos lugares en que fueron tomadas. Son metáforas visuales cargadas de un sentido literario que pareciera casi hablar, como relatos no escritos con palabras sino con imágenes. El mundo en constante cambio es uno de los mensajes que parece querer transmitirnos Wenders con sus obras.
La pregunta más previsible era la relación entre sus fotografías y sus películas, algo que él resolvió refiriéndose al nexo entre ambos gracias a una madre en común: la pintura, que a Wenders siempre le ha interesado e influido (citando entre otros a Hopper, Antonio López, Vermeer o Friedrich). Sin embargo, no podemos obviar el carácter cinematográfico que tienen las imágenes y el tema central de todas, que parece ser constante también en sus películas: el encontrarse cuando uno se pierde, la sensación de desesperación ante el paso del tiempo, la soledad como eje central de la existencia y la vida como algo en constante cambio al que adaptarse.
En algunas fotografías, como las de la Zona Cero, predominan los colores terrosos y el evidente caos que muestra la cercana tragedia parece también estar insinuando el renacimiento a través de un formato vertical, cuya lectura ascendente termina en una especie de luz que anuncia lo que ha de venir, la necesidad de adaptarse al irremediable cambio.

En la serie de paisajes destacan los desiertos como el de Australia, donde el azul domina la escena y parece confundirse con un horizonte difuso. La imagen parece estar hablándonos de una armonía visual y sensitiva que se reitera con el azul como protagonista, como alegoría de paz, de serenidad.

Respecto a la serie dedicada a Fukushima, Wenders contaba cómo tardó varias semanas en revelar las fotografías. Cuando finalmente lo hizo, la radioactividad casi las había destruido por completo, dejando una huella visible ahora en las imágenes, una especie de onda como un vestigio de lo que había ocurrido, de lo que realmente estaba ahí sin manifestarse.

La cuestión existencial, una constante musa en sus obras tanto fotográficas como fílmicas, está presente en esta exposición y encaja perfectamente con muchas de sus películas.
La exposición “Wim Wenders. Photographs” muestra estas 16 fotografías panorámicas que podrán visitarse en la Fundación Sorigué (Lleida) hasta el próximo 30 de Marzo.