7 de febrero de 2012

Antropofagia artística

Con la publicación en 1928 del “Manifiesto Antropófago” de Oswald de Andrade, la historia del arte brasileño tendría un punto de inflexión. Andrade proponía, frente a esa visión occidental estereotipada de lo caníbal y lo exótico en Brasil, una antropofagia cultural, capaz de digerir y devorar aquellos elementos llegados del exterior para crear un significado y un arte genuinamente brasileños.
Lo cierto es que la propia tradición brasileña distaba mucho de lo que ocurría en otros países americanos, fuertemente influidos de la cultura precolombina y la colonización española; en este caso nos encontramos con un país queDebret37 no contaba con civilizaciones precolombinas avanzadas como la inca, azteca o maya, y la población aborigen fue aniquilada progresivamente durante las etapas colonizadoras.
Además, en el caso brasileño se unía la mezcla de distintas razas, como africanos, europeos…
Así, el estereotipo occidental que veía en los brasileños una sociedad caníbal, y por tanto salvaje, queda ahora desactivada a través de un manifiesto irónico pero contundente.
Resulta paradójico que quienes ocuparon Brasil considerasen a los nativos como salvajes, incluso cuando éstos eran parte de los súbditos de la corona portuguesa. Debret, académico francés y director de la Academia de Bellas Artes de Rio de Janeiro, los muestra así en su Viaje pintoresco e histórico a Brasil.
Contra estos estereotipos se posiciona el “Manifiesto Antropófago”, que incluso hoy en el siglo XXI pasa aún por casi desconocido en Occidente, siendo fundamental para entender el desarollo del arte no sólo en Brasil sino en el resto de América.
20090205-tarsila de maralTarsila do Amaral, otra artista esencial en la historia del arte brasileño, y además pareja de Oswald de Andrade, fue la encargada de ilustrar el Manifiesto con sus pinturas; son estas una mezcla entre la influencia de las vanguardias europeas (especialmente el cubismo y el surrealismo) y la sensibilidad popular, con elementos líricos y nostálgicos del paisaje rural brasileño, y figuras potentes y melancólicas.
De vez en cuando sienta bien pararse a reflexionar sobre lo interesante que estaba ocurriendo en otros lugares y que, en muchas ocasiones, el discurso hegemónico desactiva e ignora conscientemente, como es el caso del arte latinoamericano.
Arte latinoamericano del siglo XX (ed. E. Sullivan), Madrid, 1997.