30 de enero de 2015

Entrevista a Guerrilla Girls: “El feminismo se sitúa en el lado correcto de la Historia”

La sala es muy amplia, adecuada para que la exposición se vea en su máxima extensión y con el efecto deseado, el de una pared llena de carteles. Las mesas en el centro recogen momentos más personales, fotos con teóricas del arte, comisarios, posados en grupo…y los carteles de las paredes, que se sitúan cronológicamente, muestran 30 años de reivindicaciones y gritos feministas en el arte y la cultura. Es la exposición retrospectiva que comisaría Xabier Arakistain en Matadero Madrid, y que presenta a uno de los grupos más notables del arte feminista, las Guerrilla Girls.

No puedo evitar sentirme nerviosa al estar sentada delante de dos de ellas, Frida Kahlo (F.K en la entrevista) y Kathe Kollwitz (K.K.), a punto de empezar la entrevista. Las Guerrilla Girls son, sin duda, uno de los iconos del arte y el feminismo más conocidos por todo el mundo, y ahora, tras su paso por Alhóndiga Bilbao, se presentan en Madrid dispuestas a sacudir el mundo del arte.

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¿De dónde viene el nombre de Guerrilla Girls?

G.G. Nosotras éramos Guerrilla antes que ser gorilas. Decidimos que queríamos luchar libremente en el mundo del arte y nos dimos cuenta de que teníamos que ser anónimas para protegernos a nosotras mismas, porque de alguna forma estábamos involucradas en el mundo del arte. Comenzamos pegando posters durante la noche, tras lo cual empezamos a tener muchas llamadas de prensa pidiéndonos fotografías. Teníamos que decidir pronto alguna forma de ocultarnos, y en una reunión todas, un día, una de nosotras estaba tomando notas y al deletrear confundió “guerrilla” con “gorila”; de ahí nacieron las Guerrilla Girls usando máscaras del gorilas.

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¿Quién escoge el nombre de cada Guerrilla Girl?
G.G. Decidimos que necesitábamos apodos para poder comunicarnos con el mundo. Estábamos reunidas justo el día en que Georgia O’Keeffe murió, y fue así como decidimos que podíamos tomar el nombre de artistas mujeres ya fallecidas, intentando mantener sus idea vivas. Cada una escoge el nombre de la artista que usará como apodo.Usar una máscara proporciona un anonimato seguro frente al sistema que criticáis, ¿es difícil ser feminista en el mundo del arte?

G.G. Lo que empezamos a hacer en los 80 era muy provocador y temíamos las represalias. El mundo del arte era un lugar muy pequeño y nuestro anonimato atrajo a mucha gente que no se atrevía a hablar públicamente. El misterio es atrayente, y esto jugó en nuestro favor. Sin duda, lo más importante que teníamos como ventaja era el hecho de que no se supiera quiénes éramos. Evitaba que mucha gente te odiara, de manera personal; podías odiar lo que hacíamos, pero no a cada una.

Es curioso señalar que ha habido muchas ocasiones en las que las mujeres artistas, por ejemplo en Estados Unidos, ocultaban sus verdaderos nombres bajo apelativos más o menos neutros, como Lee Krasner, o que firmaban con la inicial de su nombre y su apellido, para que no se supiera que eran mujeres. Cuando empezamos era más difícil que ahora; directores o marchantes y galeristas como Mary Boone pensaban que decir abiertamente que eras feminista era mostrar a los demás tu debilidad. Creo que eso ha cambiado, y está cambiando, porque la gente se está dando cuenta que el feminismo se sitúa en el lado correcto de la Historia.
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Desde aquella manifestación contra el MoMA en 1985, ¿han cambiado mucho las cosas?
G.G. Sí, todo ha cambiado mucho. Nosotras seguimos presionando a los museos para que expongan a mujeres artistas, pero sí es cierto que muchos ya se encuentran haciendo este trabajo, intentando que sus colecciones sean más igualitarias, al igual que comisarios y gestores. Mucha discriminación es consciente y mucha inconsciente. Nosotras hemos señalado a mucha gente que hasta entonces no había reparado en este hecho. Ese también es el sentido de nuestro trabajo.
En la manifestación de 1985 nos reunimos muchas personas, y fue casi un año antes de formar Guerrilla Girls. Protestábamos porque la exposición del MoMA decía que eran los artistas más importantes del momento, y no había ni una sola mujer. En nuestra protesta nos dimos cuenta de que nadie se paraba, a nadie le importaba, y decidimos que había que hacer algo para llamar la atención sobre esto. Si algo ha cambiado desde entonces es que si ahora se organiza una exposición sin mujeres artistas alguien protestará; eso ha cambiado, sin duda.
En el caso de mujeres artistas afroamericanas sufren doblemente ese techo de cristal, que les impide hacer exposiciones monográficas por una cuestión puramente económica, de trabajo menos valorado en términos monetarios frente a los artistas hombres blancos.
En 1992 nos enteramos de que el Guggenheim de Nueva York iba a exponer en el Soho a cuatro artistas hombres, lo cual nos indignó mucho. Decidimos enviar postales al director del Guggenheim, Thomas Krens con el mensaje: “Querido señor Krens, bienvenido al Soho. Hemos escuchado que inauguras a cuatro artistas blancos de un museo de hombres blancos. ¡Mucha suerte!”. La presión fue tal que a las pocas semanas anunció que incluía en la nómina a Louise Bourgeois. En la inauguración hicimos una gran manifestación con bolsas estampadas con gorilas, y mucha gente entró dentro con ellas, como Louise Bourgeois.
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Recientemente sabíamos del nuevo gobierno griego, integrado exclusivamente por ministros hombres, y con alguna escasa mujer en puestos de coordinación, secretariado…de alguna manera no todo ha cambiado tanto…
G.G. El que tiene el control y el poder no lo deja tan fácilmente, y eso pasa también en la izquierda. Los cambios no son cosas que ocurran casualmente, suceden por la presión. En nuestro país es lo mismo, aún queda mucho por hacer…Resulta sorprendente que cuando algunas mujeres adquieren cierto poder, como galeristas y comisarias, no se impliquen, sin embargo, con otras mujeres artistas. Es chocante que en la nómina de artistas de una galería siga habiendo menos mujeres que hombres.

G.G. Es un problema cuando formar parte del sistema establecido supone convertirse en una herramienta de este sistema. Es entonces el momento de pensar en alternativas o en un sistema de resistencia. El mundo del arte, las galerías, son maravillosas y hay muchas artistas muy interesantes trabajando aquí, pero este sistema del arte es ahora peor que nunca, controlado por coleccionistas millonarios que son parte de las direcciones de los museos, y que pagan enormes cantidades de dinero por la obra de unos pocos artistas. Aunque es complicado vivir ajeno a esto, nada puede impedir a un artista trabajar. Es por eso que hay maravillosos artistas que no están en galerías, que hacen proyectos paralelos, que se reúnen para hablar de su obra, que son activistas…El mundo del arte ha progresado de manera que sí hay más mujeres artistas en la discusión, en el debate, pero la parte negativa de este progreso es que en Estados Unidos, y probablemente en el resto del mundo, el arte se ha convertido en un instrumento del capitalismo, en una inversión privada. Es volver a los conceptos de poder, dinero y capital propios del liberalismo. Por eso creemos que hay dos direcciones opuestas: la de lo intelectual, y la del mercado. Hablar del arte como una inversión de capital es como si habláramos de medir la cultura, no tiene ningún sentido.

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¿De dónde viene el problema entonces?
G.G. Es complicado…las galerías son tiendas, tienen que vender, pero es preocupante que si paras a alguien en la calle y le preguntas “¿qué aspecto tiene un artista?” (en inglés “an artist” no define un sexo u otro) te dirá que es un hombre, con gran personalidad, lanzando brochetazos de pintura a un lado y a otro…ya sabes. Creo que debemos centrarnos en la educación artística porque la gente no sabe realmente qué es un artista, qué hace y por qué lo hace.¿Qué pensáis de algunas artistas, como Marina Abramovic, que dicen que no es feminista y que el feminismo no es necesario?

K.K. Puede que a ella esto le funcionara, al menos durante un largo período de tiempo, pero está totalmente equivocada. Hay tanta gente que no entiende el feminismo…El feminismo es uno de los grandes movimientos que luchan por los derechos humanos, pero no se ha ganado el respeto que merece, por eso se siguen necesitando activistas y luchadoras, porque no sólo en nuestros países, en muchos otros, las mujeres siguen siendo propiedad de sus padres o maridos, no pueden conducir, no pueden trabajar…e incluso en estos países hay grupos feministas clandestinos luchando por sus derechos.

F.K. Por cierto, nosotras tenemos una norma que nos impide hablar de mujeres artistas vivas, pero si puedo hacer una predicción, y la haré, en veinte años Marina Abramovic se habrá arrepentido de decir que no es feminista.
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¿Qué os parece Femen?
K.K. En primer lugar, el mundo necesita al máximo grupo de activistas feministas posibles. Hay muchos tipos de feminismo y los apoyamos todos. Respecto a Femen, sus tácticas les funcionan, consiguen mucha atención, y espero que lo sigan haciendo.
F.K. Cuando nosotras decidimos usar las máscaras era precisamente para evitar represalias por nuestra labor feminista. Femen se muestran abiertamente para reivindicar lo que debe reivindicarse. Entrar en una iglesia en Ucrania con un crucifijo, con los pechos descubiertos, y grabándolo al mismo tiempo, es una acción realmente difícil y valiente.
Xabier Arakistain, agitador del mundo del arte y uno de los pocos directores que ha cumplido realmente en igualdad y feminismo mientras estuvo al frente del centro Montehermoso (Vitoria), es el comisario de la exposición, así que aprovecho para preguntarle sobre esta.¿Por qué Guerrilla Girls y por qué ahora?

X.A. Yo crecí con Guerrilla Girls. Mi generación aprendió a “contar” con ellas y este año se cumplen 30 años de la formación del colectivo, así que el momento no podría ser mejor. Esta es una razón pero también es importante porque aunque muchos de sus proyectos tengan que ver con Estados Unidos y su contexto concreto, sabemos que las categorías de sexo y género son una marca discriminatoria en todo el mundo para las mujeres. En España en 2015, con un gobierno que está parando en vez de impulsar los tímidos proyectos del anterior para mejorar la situación de las mujeres es un buen momento para “hacer las cuentas” y ver qué pasa con las mujeres en el campo del arte. Es un buen momento para evaluar los frutos de la Ley de Igualdad en 2007, para pensar cómo impulsar el 26 de esa ley, que recomendaba a museos y colecciones tener equidad entre artistas de ambos sexos. Esta exposición nos invita a preguntarnos ¿cuáles son las cifras en el resto de museos de Madrid y de España?. Esta exposición es un buen espejo en el que fijarse y comparar diferentes contextos; también es, claro, una celebración del cumpleaños de Guerrilla Girls y espero que sirva para que nuevas generaciones que quizá no conozcan a Guerrilla Girls vean su trabajo y se inspiren.

K.K. Recuerdo también aquel manifiesto que escribimos en 2005, que nos invitaste a participar…y fue importante porque muchos profesionales, artistas, jóvenes, estaban intentando hacer algo, cambiar las cosas. Una de las cosas que hemos aprendido es a no detenerte, a seguir siempre hacia delante. Lo importante es hacer algo; mucha gente se siente impotente, paralizada, porque no pueden hacerlo todo, así que nosotras decidimos hacer una cosa, y si funcionaba, hacíamos otra, y si no, probar con otra diferente. Ojalá todos sintiéramos que con pocos intentos de cada uno se hacen muchas cosas. No puedes cambiar todo el mundo, pero puedes agitarlo.
X.A. En 2005 las Guerrilla Girls fueron parte del grupo que firmó el Manifiesto ARCO 2005 junto a otros profesionales del mundo del arte como Linda Nochlin, Lourdes Méndez, Amelia Valcárcel y yo mismo, que lo propuse. El Manifiesto pedía a las administraciones públicas que, ya que la mayor parte de los museos y centros de arte españoles se sustentan con dinero público, o sea con impuestos de los hombres y de las mujeres, deberían hacer algo ante la terrible exclusión de las mujeres en colecciones y exposiciones. Lo firmamos en principio las once personas que formábamos parte de la mesa redonda en ARCO de la que surgió el texto y luego se incorporaron muchas otras que estaban como público en esas mesas. Recuerdo que hubo una gran polémica, que por ejemplo, se plasmó en una página en El País que mostraba cómo gran parte del stablishment del arte estaba en contra del Manifiesto. Sin embargo, poco después y ante mi sorpresa recibí una llamada del partido socialista para decirme que tendrían en cuenta el Manifiesto para la redacción de la Ley de Igualdad en la que estaban trabajando. Es una pena que el artículo 26 de esa ley sólo se recomiende, que no se exija, a las instituciones incluir a las mujeres en su programación, y por lo tanto, no se cumpla.
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Sin embargo en tu etapa como director de Montehermoso esto sí se cumplió…
X.A. Fuimos el primer y único centro de arte y pensamiento contemporáneo en este país que hizo un programa paritario. El centro se financiaba con los fondos del municipio, así que en la gestión que hicimos en aquellos cuatro años de programa 2008-2011, al menos la mitad del presupuesto de programación se destinaba a mujeres, ya fueran artistas, comisarias, críticas… Después de Montehermoso nadie ha seguido esta línea, aunque demostramos que no sólo era posible hacerlo sino que además mejoraba el programa. Es curioso que tuviéramos más repercusión en el extranjero que en el Estado español y era un orgullo ver a las y los artistas que pasaron por el centro en la Bienal de Venecia y otros grandes eventos internacionales. Bueno, después también destacados museos españoles les han programado… Que después nadie tomara el relevo y que no se escucharan voces exigiéndolo fue una gran decepción. Todos los eventos que los centros y museos de arte contemporáneo organizan en torno al 8 de marzo me parecen insultantes, son una cortina de humo para desviar la atención, para lavar la cara de unas instituciones artísticas que no tienen, en el mejor de los casos, ni un 20% de artistas mujeres en sus programas y aún un porcentaje más bajo en sus colecciones. Montehermoso fue una verdadera gestión feminista, intervenía en todos los niveles, pero sobre todo en el más importante, en el del presupuesto, el dinero. Otra cuestión esencial es que no hacíamos proyectos con “mujeres artistas”, que automáticamente quedan aisladas en una subcategoría, sino que programábamos a “artistas mujeres”. Trabajábamos en arte contemporáneo y al menos la mitad de nuestros artistas eran siempre mujeres en todos los programas.Y sin duda que lo hacía. Su paso por Montehermoso es un caso reseñado en cualquier manual de arte y feminismo en España e incluso más allá de nuestras fronteras.Tras la charla, una visita por la exposición mientras Guerrilla Girls cuentan algunas anécdotas de las fotos y documentos que se muestran en las mesas, o explican sus últimas obras, como los dos carteles que hicieron cuando el cantante Pharrell Williams las invitó a una exposición a París: en uno critican la desnudez de las mujeres en los videoclips, y en el otro a la propia galería de la exposición, Perrotin, con un 13% de mujeres artistas.

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Si de algo no queda duda, es que las Guerrilla Girls siguen muy vivas y parecen estar dispuestas a agitar el mundo del arte y la cultura durante mucho más tiempo. Brindo por ello.Mira la hoja de la sala de la exposición en Matadero Madrid aquí.