30 de noviembre de 2012

Heimo Zobernig expone en el Palacio de Velázquez

Fecha: Del 9 noviembre de 2012 al 15 abril de 2013

Lugar: Palacio de Velázquez, Parque del Retiro

Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Kunsthaus Graz

Comisariado: Jürgen Bock

Heimo Zobernig (Mauthen,1958) ocupa el espacio del Palacio de Velázquez en El Retiro, en la que es su primera retrospectiva en España, con una exposición que reúne algunas de sus piezas creadas entre los años 80 y la actualidad, de las cuales tres han sido realizadas expresamente para este lugar.
Entre lo expuesto destacan varias pinturas monocromas, esculturas, instalaciones y una proyección, consiguiendo así crear un ambiente distinto, muy minimalista y jugando con la riqueza-pobreza de los materiales.
heimoHay una clara preferencia por el soporte bidimensional a través de una serie de pinturas en las que predomina el monocromo. En la entrada de la exposición nos encontramos con dos grandes estructuras, una de acero (cubo) y otra de madera con yute (prisma octagonal) a modo de grandes espacios cerrados pero que permiten ver su interior, en una especie de ejercicio de repensar los lugares y su dimensión interna; el cubo de metal muestra la disposición de un archivo de almacenamiento de obras de arte, al que es imposible acceder por ninguno de los lados. En el frente se sitúan varias pinturas de un único color y con grafía sobre el lienzo: óleo y acrílico de azul intenso con palabras como “Monochrome”, “Fuck painting sculpture” o “Financial trans action tax”. La disposición de estas mismas piezas resulta interesante al encontrarse sobre un fondo azul de papel, apenas colocado o sugiriendo la sensación de estar a medio acabar. Esto mismo ocurre con una pintura monocroma negra sobre una gran tela blanca que cae sobre la pared. El artista juega con la disposición general del muro y su concepción como cubo blanco a través de papel de color o con la tela blanca que cae. Aunque a lo largo de toda la exposición es manifiesta la ausencia de imagen figurativa, resultan visibles algunas ideas que Zobernig transmite a través de las piezas: en estas tres el mensaje se traduce en una crítica al sistema del arte y al funcionamiento de este que clasifica y pondera las obras según el valor económico de sus materiales o el nombre del mismo artista.
En el caso de las esculturas hay un predominio por el uso de materiales perecederos como madera, cajas de embalaje o contrachapado. Zobernig utiliza el color y el soporte como una herramienta de reflexión en todo el discurso expositivo: se alternan piezas escultóricas de cartón con grandes pinturas de colores vivos y con letras de gran tamaño.
Las pequeñas piezas de cartón se disponen unas tras otras en un reducido espacio y se muestran  pintadas en alguna de las caras o en todas, contrastando el brillo de los colores negro-blanco. La presencia del artista, aunque se encuentre físicamente ausente, resulta paradigmática en muchas de las obras, especialmente en uno de los lienzos en blanco que se sitúa junto a estas esculturas; es una pintura vacía de figuración pero cargada de significado, donde destaca la manipulación física de la misma, la huella de la mano, la suciedad del traslado, la presencia de la ausencia.
La plasticidad del medio no queda relegada a un segundo plano por el uso de elementos como el cartón, sino que a través de este se consigue una gran visualidad y movimiento, como la escultura con rollos de papel higiénico cuya combinación genera una sinuosa estructura de gran amplitud espacial.
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Esta exposición convierte todo el recorrido en un paseo a modo de sala de juegos en la que el visitante recorre distintas estancias; una de ellas ocupada por una proyección de líneas de color anaranjado que caen verticalmente ocupando toda una pared, haciendo una clara alusión a la cortina que da acceso a este espacio, del mismo color. Otra gran sala se encuentra ocupada por dos espejos: uno opaco, otro nítido; un juego de imágenes, poder ver y no ver correctamente. Y tras esto una pequeña sala donde una instalación de piezas en vertical, culminadas por un tablero circular, a modo de bosque escultórico, nos obliga a movernos entre estas, rodeándonos los distintos colores de las obras.
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Es también constante el uso de las formas geométricas euclidianas en las piezas: grandes cubos, semicírculos, circunferencias, prismas, cilindros… que no hacen sino reforzar esa visualidad de lo minimal, especialmente en la escultura.
Grandes composiciones que crean transiciones irreales, como una gran plataforma de aglomerado que sustenta una mesa de madera y una escalera que no lleva a ninguna parte.
Es una invitación a la fantasía, a convertir al espectador en una parte integrante de la muestra, capaz de crear su propia mitología de significados en torno a las piezas.
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La exposición cuenta con un espacio central especialmente acondicionado con cortinajes negros que alberga en su interior una serie de lienzos monocromos en blanco y negro. Esta teatral disposición hace una evidente alusión a las grandes narrativas de la historia del arte, tan cuestionadas en esta muestra.
El negro y el blanco colores reiterados, como una forma de reflejar lo aparentemente difícil de combinar los opuestos; esta es una visión que se transmite en todo el planteamiento expositivo: la idea de que lo precario, presente en casi todos los materiales, es fácilmente salvable a través de un uso inteligente del color y los medios plásticos, más allá de la riqueza o no del soporte.
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No son sin embargo obras tomadas a modo de readymadessino que lo interesante de la creación estética de Zobernig es su capacidad de darles un nuevo significado no tanto a las piezas en sí, como ocurría con el objeto duchampiano, sino combinar materiales cotidianos para crear formas y composiciones que generan nuevos conceptos estéticos más allá del soporte. Podríamos calificarlo de un reciclaje de lo ordinario a través de lo artístico.
El planteamiento del artista es también la ruptura disciplinar y jerárquica entre los distintos soportes: escultura, pintura, instalación, proyección…se combinan aquí sin medir diferencias, sin distinción en cuanto a materiales y configuraciones formales, creando todos un conjunto estructurado y homogéneo que reitera la idea de romper con lo elitista en el arte, especialmente lo que se refiere a su creación, con materiales “pobres” sin renunciar a conseguir un discurso teórico coherente y una organización expositiva pertinente. Frente a una escultura tradicional en mármol, aquí es protagonista el cartón.
Zobernig cuestiona en esta muestra contextual la necesidad de pensar un diseño expositivo acorde a unas determinadas obras y el valor que estas tienen por encima del soporte utilizado en su creación. Sus piezas, dispuestas aquí como en un parque museológico, consiguen crear un clima de comodidad visual en todo el recinto, precisamente por lo minimalista de la disposición general de la muestra, la falta constante de una figuración clara y el uso de lo precario como posicionamiento crítico.