11 de marzo de 2012

Híbridos en el muro.

El equipo formado por Santiago Lara y Beatriz Coto se hace hueco en el circuito madrileño tras su éxito en JustMadrid.
Laramascoto son epítome de todos aquellos artistas y creadores asturianos que ahora trabajan fuera de Asturias, intentando hacerse un hueco en circuitos artísticos mucho mayores y, por tanto, mucho más compactos. En su caso no puede haber resultado mejor: desde su llegada a Madrid, ciudad en la que trabajan actualmente, han sabido destacar con rapidez.
El equipo formado por Santiago Lara (Tomelloso, 1975) y Beatriz Coto (Gijón, 1977) ya ha expuesto en la joven galería Liebre, que fue también con la que acudieron a la pasada cita en JustMadrid y fue precisamente en esta feria emergente donde recibieron el Premio Joven Just Madrid 2012, con el que además expondrán en la Mustang Art Gallery en 2013.
Los que ya conocíamos la línea de trabajo del colectivo y sus interesantes piezas, siempre cercanas a la a la videocreación, la video-instalación y la animación experimental, no nos sorprendimos ante este premio de sobra merecido no sólo por su incansable labor investigadora en torno a conceptos antropo-filosóficos sino por su genial forma de plasmarlos a la hora de llevarlos a la plástica: sus piezas antropofágicas anteriores que denunciaban el canibalismo social humano nos remitían al homo homini lupus, así como su denuncia ecologista de la capacidad destructiva del hombre.
Las dos piezas premiadas en esta edición de JustMadrid 3 son “Grandes avatares” y “Tamangar”, donde vuelven a utilizar un soporte muy adecuado para lo que quieren expresar: formato en vídeo y dibujo sobre pared, combinando ambos a la perfección e invitando al espectador a ser capaz de moverse entre lo estático y lo móvil en la misma figura.
“Grandes avatadetalleres” nos muestra una comunidad de personajes dispares que flotan en el espacio bidimensional de la pared pero que, inexplicablemente, se encuentran cercanos entre sí. Un joven de seis brazos, sin facciones, intenta encontrarse a sí mismo tirando con fuerza de su rostro, en un intento no sólo de descubrir sus rasgos físicos sino de descubrir un yo interno, un Súper Yo escondido en el subconsciente.

A su lado, un ser antropomorfo, sin brazos y con la cabeza bajo una especie de casco de metal, sólo nos deja entrever sus ojos. Le sigue otro personaje sobre una tabla de skate, encubierto bajo la piel de un león, que parece ser él mismo y a la vez ser un disfraz: sus brazos son de animal pero sus piernas son humanas y su rostro, escondido en un halo oscuro se intuye bajo las fauces abiertas del felino. Otro de los seres que forman parte de este extraño grupo es un joven de nuevo, anónimo, clandestino tras su ropa, que le cubre hasta la cabeza, dejando únicamente distinguir una serie de flores y ramas que ocultan su identidad pero que nos muestran su más que probable origen vegetal. Finalmente, el grupo lo completa de nuevo un ser antropomorfo cuyo cuerpo son dos largas y contundentes piernas que se coronan con una cabeza semicubierta pero suficientemente visible para distinguir un caballo. 
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La complejidad del ser
La distancia que separa al primero de los personajes del resto nos sugiere una posible relación entre todos: la búsqueda de la personalidad, la imposibilidad de la identidad y lo complejo del ser, continuamente formándose y transformándose, tomando de aquí y allá elementos que lo acabarán modelando; animal, vegetal, humano…un sinfín de piezas para ir creando con elementos dispares una personalidad única, la de cada uno, a través de distintas fases híbridas.
La otra pieza “Tamangar”, nos muestra un gran ser antropomorfo que nos sugiere formas arbóreas en las piernas y la cabeza pero que sin embargo tiene brazos y torso humanos, y que además, a través del vídeo, abre y cierra los ojos continuamente. La combinación de nuevo del soporte vídeo y el dibujo es aquí magistral, configurando un personaje absoluto, contundente y rotundo, que refuerza esta idea a través de un bastón que sostiene en la mano, un bastón de mando, de poder y de autoridad.
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Laramascoto vuelven de nuevo a distinguirse por ese carácter propio de sus piezas: una interesante combinación de soportes donde se aúnan armónicamente tradición y tecnología, y a través de los cuales se modela un universo iconográfico propio cargado de referencias psicoanalíticas, filosóficas y morales sobre la construcción de la identidad humana.
Texto aparecido en el suplemento cultural del diario La Voz de Asturias “El Cuaderno” el domingo 4 de marzo de 2012.