6 de junio de 2011

La belleza y la espiritualidad en Kandinsky

Actualmente me encuentro leyendo una obra teórica imprescindible de Kandinsky, De lo espiritual en el arte. Me sorprende la visión tan particular que tiene el artista de comprender la belleza pictórica de la obra, siempre desde un sentido espiritual, como el propio título señala.
Kandinsky hace una reflexión en torno a la importancia de un artista y su capacidad para trascender a su tiempo.
Su obra comienza con una frase clave: Toda obra de arte es hija de su tiempo, muchas veces es madre de nuestros sentimientos. Y es que ninguna obra puede ser ignorada de su contexto, apartada de su tiempo y de la realidad en la que fue creada, pues perdería todo su significado.
Resulta también particularmente interesante la conexión que establece con otras artes, más allá de las plásticas, como el teatro o la música; cita Kandinsky el teatro de Maeterlinck, donde se sirve de ejemplo para mostrar la capacidad de abstracción de la palabra, que al nombrar un cuerpo nos produce interiormente la imagen de ese objeto, pero a medida que la repetimos, la expresión física del mismo deja de ser lo principal y, en nuestra mente, somos capaces de crear el sentido abstracto de ese elemento. En el último caso, el sonido puro está en primer plano y actúa directamente sobre el alma. Ésta vibra con una vibración “sin objeto” que es más complicada, yo diría más “trascendente” que la conmoción anímica provocada por una campana, una cuerda, una madera que cae, etc.
En su tesis defiende que fue Cezanne el primero capaz de encontrar en los objetos una esencia interior, de dotarlos de vida. Trató las cosas como a los seres humanos porque tenía el don de ver en todas partes la vida interior. Cézanne crea la expresión cromática de las cosas, su “nota pictórica interior”, y las encaja en la forma que eleva a fórmula de resonancia abstracta, llena de armonía y a menudo puramente matemática.
Las artes, tanto las plásticas como las literarias o la música, plasman cada una a su manera lo que quieren decir, osea, utilizan cada una los medios de los que disponen.
Sin embargo, Kandinsky sostiene que es la música la más abstracta de las artes porque está externamente emancipada de la naturaleza, su lenguaje y su forma no se toman de lo externo, sino que en la música todo tiene un origen interior.
La obra de Kandinsky resulta particularmente interesante, ya que escrita en 1910, plantea una visión del color con unas connotaciones totalmente espirituales, interiores, absolutas. La pintura es una obra que puede leerse más allá de lo simplemente aparente y exterior, posee unos valores empíricos y estéticos totalmente emotivos, que el espectador debe ser capaz de reconocer: La riqueza cromática del cuadro ha de atraer con gran fuerza al espectador y al mismo tiempo ha de esconder su contenido profundo.
Estas teorías se reconocen en sus obras, cargadas de elementos geométricos pero con un color y un sentido simbólico mucho mayor que lo superficial; además, pueden relacionarse con otros pintores abstractos que posteriormente cargaron sus pinturas de un significado absoluto, más allá de lo puramente estético, como Yves Klein.
De lo espiritual en el arte es una obra propiamente espiritual, con una importante noción de lo sensible, y que resulta fundamental no sólo para entender las obras del autor y pintor, sino las de otros pintores abstractos.
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