29 de septiembre de 2014

Lo mágico de lo común.

Stephen Shore, Fundación MAPFRE, Sala Bárbara de Braganza, hasta el 23 de noviembre.

Stephen Shore nace en Nueva York en 1947, un año a tener en cuenta. Es precisamente en esta fecha cuando Jackson Pollock comienza a usar el dripping como técnica, dejando chorrear la pintura sobre el lienzo, y en la década siguiente el Expresionismo Abstracto conseguirá un éxito absoluto, considerado “el primer movimiento genuinamente estadounidense”. En un contexto tal, en el que el arte había trasladado su capital desde París a Nueva York, crece un joven precoz interesado en la Química y en la imagen. Su interés por lo primero hace que su tío le regale a los seis años un kit básico de fotografía Kodak, con la que Stephen Shore niño comienza a indagar. Cuando cumple diez un vecino le regala “American Photographs” de Walker Evans y con catorce se atreve a presentar su trabajo ante Edward Steichen, encargado de fotografía en el MoMA, que le compra tres piezas. A los 23 años es el segundo artista vivo en exponer de forma individual en el Metropolitan, después de Stieglitz. Toda una carrera para alguien tan joven.

Todo esto y mucho más es lo que recoge la retrospectiva que la Fundación Mapfre le dedica a Stephen Shore. Organizada de forma cronológica, la muestra presenta 40 años de carrera artística, desde sus primeras obras más conceptuales a sus últimas series. Unas 300 fotografías del genio de la imagen y que recorren toda su trayectoria. 

De formación autodidacta, Shore abandona el colegio “porque le aburría” y entre 1965 y 1967 se convierte en un habitual de la Factory de Warhol. Muchas de las instantáneas que todos tenemos en mente de esos años en el estudio de Andy son obra del joven Shore, que se paseaba entre unos y otros cámara en mano. De Warhol dice haber aprendido la ética del trabajo, el proceso creativo y las decisiones estéticas (ver a Warhol probando colores y combinaciones durante horas les enseñaba a valorar lo estético de lo que estaba creando). 
Stephen Shore, “Warhol with ‘Silver Clouds’ in Factory”, 1965-1967.

Dos de sus series más conocidas, “American Surfaces” y “Uncommon Places”, también se muestran en la sala Bárbara de Braganza de la Fundación Mapfre: los viajes realizados entre 1973 y 1981 por Estados Unidos y que le llevan a usar el gran formato y el color en fotografía de una forma novedosa; ya no hay un fin estético al servicio de la publicidad o de la moda, aquí el color refuerza la sutileza de lo cotidiano, de lo habitual, de lo “no común” en lo común. En las fotografías nada monumental, no hay bonitos paisajes ni escenas icónicas, más bien al contrario: aparece la América tradicional, la del día a día. Y eso es lo que vemos, un diario visual que Shore realiza a través de su viaje. ¿Cómo representamos el territorio? ¿Se corresponde nuestro imaginario con la realidad de un país? La América más evidente se muestra aquí, donde lo político y lo económico cobra protagonismo por encima de un idealismo interesado.

Los antecedentes en el viaje de Shore son palpables: Walker Evans en 1938 y Robert Frank en 1958 se encuentran viajando y retratando también su visión particular de América y los americanos. 
Stephen Shore, “American Surfaces” (1972-1973):
Nueva York, septiembre-octubre de 1972.

Stephen Shore, “American Surfaces” (1972-1973):
Lake Powell, Utah, junio de 1972. 
Stephen Shore, “American Surfaces” (1972-1973):
Lake Powell, Utah, junio de 1972.


El mismo Shore dice que buscaba “una fotografía menos mediada y una experiencia menos mediada”, simplemente plasmar lo que él veía y que podría de por sí tener interés por ser lo cotidiano (la magia de aquello que vemos a diario). Sus series tratan de “deconstruir la experiencia de América mediante una serie de motivos repetidos. No era una imagen de la vida, sino una imagen de la vida en la carretera”. Así define él mismo estos trabajos. Un recorrido por lo que él ve y por aquello que no se muestra en imágenes más amables.
Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Beverly Boulevard y La Brea Avenue, Los Angeles, California,
21 de junio de 1975.

Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Monumento Nacional de los Badlands, Dakota del Sur,
14 de junio de 1973.

Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Stampeder Motel, Ontario, Oregón,
19 de julio de 1973.

Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Michael y Sandy Marsh, Amarillo, Texas,
27 de septiembre de 1974.

Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Agencia J.J. Summers, First Street, Duluth, Minnesota,
11 de julio de 1973.

Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Ginger Shore, Causeway Inn, Florida,
17 de noviembre de 1977.
La retrospectiva que Mapfre le dedica a Shore recoge también series posteriores que muestran su interés por el paisaje y su forma de concebir el acto de fotografiar (cuenta que solía viajar al Parque Nacional de Yosemite con su mujer y que estuvo dos años contemplando su belleza infinita antes de atreverse a fotografiarla). También la vuelta al blanco y negro con panorámicas de Nueva York en los 2000 o más recientemente su proyecto sobre un matrimonio judío que sobrevivió al Holocausto y su vida actual en Ucrania.

Sin duda esta exposición permite un amplio abanico de lecturas y posibilidades, tantas como la propia obra de Shore merece. La oportunidad de ver en Madrid sus 40 años de trabajo son una excelente excusa para ver a través de su objetivo y acercarnos un poco más al genio que cambió la fotografía contemporánea. 

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English version (by Bárbara Retamal Fernández).

The Magic of the Common


Stephen Shore, Fundación Mapfre, Bárbara de Braganza Room, until the 23rd of November.

Stephen Shore was born in New York in 1947, a year to take into account. This year Jackson Pollock started to use “dripping” as a technique, leaving the paint oozes over the canvas and, during the following decade, the Abstract Expressionism will have a complete success being considered as “the first movement genuinely American”. In a context where the art had moved its capital from Paris to New York, a precocious young man, interested in Chemistry and the image, started to grow up. His interest by the first made his uncle to give him -when he was six years old- a basic Kodak photography kit with which the kid, Stephen Shore, started to investigate. At the age of ten, a neighbour gave him “American Photographs” by Walker Evans and, at the age of fourteen, he dared to present his work before Edward Steichen, the person in charge of photography at MoMA, who bought him three pieces. At twenty-three, he was the second artist alive who exhibited in an individual way in the Metropolitan, after Stieglitz. An excellent career for someone so young.

All this and more is the retrospective that Fundación Mapfre devotes to Stephen Shore. It is organized in a chronological way; the exhibition shows forty years of artistic career, from his first more conceptual works until his last series. About three hundred photographs, by the genius of the image, which go across his career.

Shore, a self-taught person, left the school “because it was boring” and between 1965 and 1967 he became a regular visitant of The Warhol’s Factory. Many of the snapshots we have in mind about those years in the Andy’s studio are the work of the young Shore who walked between ones and others with his camera in his hands. He says that he has learnt the ethic of work, the creative process and the aesthetic decisions from Warhol (seeing Warhol testing colours and combinations during hours, taught him to value the aesthetic of what he was creating).

Stephen Shore, “Warhol with ‘Silver Clouds’ in Factory”, 1965-1967.
 
Two of his most renowned series – “American Surfaces” and “Uncommon Places” – are also showed at Bárbara de Braganza Room of Fundación Mapfre: the trips made around the United States, between 1973 and 1979, took him to use the large-format and the colour in photographs as an innovative way; now, there is no an aesthetic end to the service of advertisement or fashion, here, the colour reinforces the subtlety of the quotidian, of the usual, of the “no common” inside the common. In his photographs, nothing monumental, there are neither beautiful landscapes nor emblematic scenes at all quite the contrary: the traditional America appears, the daily America. And that is what we see, a visual diary that Shore did along his trip. How do we represent the territory? Does it correspond to our imaginary territory with the country reality? The most evident America is showed here, where the political and the economic gain prominence above an interested idealism.

The precedents in Shore’s trip are tangible: Walker Evans in 1938 and Robert Frank in 1958 are also travelling and photographing their particular vision about America and the Americans.

Stephen Shore, “American Surfaces” (1972-1973):
Nueva York, september-october 1972.
Stephen Shore, “American Surfaces” (1972-1973):
Lake Powell, Utah, june 1972. 
Stephen Shore, “American Surfaces” (1972-1973):
Lake Powell, Utah, june 1972.


The same Shore says that he was searching “a more pure photograph and a more pure experience”, he just was searching to capture what he saw and what could have some interest just for being quotidian (the magic of what we see daily). His series are about “deconstructing the American experience through repetitive motifs. It was not the life, but an image of the life in the road”. That is how he defines those works. A tour through what he sees and through what is not showed in more kind images. 

 
Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Beverly Boulevard y La Brea Avenue, Los Angeles, California, 

21st june 1975.

Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Badlands National Monument, South Dakota,
14th june 1973.
Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Stampeder Motel, Ontario, Oregón,
19th july 1973.
Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Michael and Sandy Marsh, Amarillo, Texas,
27th september 1974.
Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
J.J. Summers Agency, First Street, Duluth, Minnesota,
11th july 1973.
Stephen Shore, “Uncommon Places” (1973-1981):
Ginger Shore, Causeway Inn, Florida,
17th november 1977.


The retrospective that Mapfre is devoting to Shore also collects subsequent series that show his interest by the landscape and his way of conceiving the act of taking a photo (he tells he used to travel to the Yosemite National Park with his wife and he was looking at her beauty during two years before daring himself to take her a photo). In addition, the return to the black and white with New York panoramic photos during the 2000s or, more recent, his project about a Jewish married couple that survived the Holocaust and their actual live in Ukraine.

Without any doubt, this exhibition shows a wide variety of readings and possibilities, as many as the work of Shore deserves. The opportunity to see in Madrid his forty years of work is an excellent excuse to see across his lens and approach ourselves, a little bit more, to the genius who changes the contemporary photography.