2 de junio de 2015

Protocolo(s) en Guillermina Caicoya

Tras su cambio de espacio y con nueva dirección (en la misma ciudad, Oviedo), Guillermina Caicoya presenta su programación.

PROTOCOLO (S)

Se trata de un programa de intervenciones artísticas para el nuevo espacio de proyectos de Guillermina Caicoya. Comisariado por Alfredo Aracil, presenta el trabajo de distintos artistas del contexto estatal unidos a través de un concepto del mundo de las telecomunicaciones, que se utiliza para hablar de una serie de convenciones, disposiciones o reglas aplicadas a la hora de intercambiar información entre varios sistemas. Además de garantizar el éxito en el envío de un mensaje desde un lugar a otro, los protocolos definen cómo se estructura u organiza la información, es decir, su misma forma.

Si bien las galerías de arte han sido realmente importantes durante la modernidad a la hora de dar a conocer el arte contemporáneo, la emergencia de un tipo de propuesta artística más cercana a la investigación científica (en tanto que constituye una observación sistemática y experimental al mundo) que a la producción de objetos de las bellas artes como una pintura o una escultura, se escapa un tanto de las formas de concebir y presentar un tipo que obra que con frecuencia ha adquirido la forma de lo que en arquitectura o diseño se conoce como proyecto, donde prima un tipo de trabajo contextual y de carácter cooperativo, posible gracias a la negociación y el diálogo entre varios actores.

Protocolo(S) pretende mostrar una serie de proyectos para un espacio concreto. Siguiendo con el lenguaje de las telecomunicaciones, se trata, en ese sentido, de articular distintas propuestas que, desde lo específico de cada una de ellas, se estructuren en un solo paquete de transferencia. Sucesivamente, así, se irán mostrando proyectos expositivos encapsulados pero relacionados entre sí a través de una idea: el estudio de las formas de producción y exposición que hacen del arte contemporáneo un fenómeno extraño, al margen de la realidad, pero al mismo tiempo una experiencia cotidiana, que todo el mundo puede sentir como cercana.

¿Cómo se disponen las obras en el espacio? ¿Qué esquema siguen para hacer de su experiencia algo comunicable? ¿Qué papel tiene el artista en el montaje? ¿El comisario? ¿Cómo es la respuesta del espectador? Protocolo(S) trata de comprender estas cuestiones como si de una sola pregunta se tratase. Estudiando el fenómeno de una manera holísitca, la idea es estudiar también el proceso como quien estudia la transformación de una palabra que, de tanto de usarla, cambia y cambia de significado. Del arte como mediación al arte de la mediación.

Primera fase: del 22 de mayo al 30 de junio de 2015.

Misha Bies Golas. Poner recto un “mondrian” y otras piezas de catálogo

protocolos6Con un pie en la imagen y otro en el texto, el trabajo artístico de Misha Bies Golas se desarrolla a través de objetos encontrados o traídos de la realidad que, sin renunciar a su identidad, podrían ser, potencialmente, no una sino mil y una cosas distintas. Más que representar, así, podríamos decir que sus obras presentan para desprender al signo de su esfera material, en busca de nociones más poéticas y abstractas.

Si bien las vanguardias, durante gran parte del siglo XX, situaban el primer punto de su programa estético en la ruptura radical de la distancia entre vida y arte, en cierto sentido, podríamos decir que Misha Bies Golas, consciente de que todo arte proviene en realidad del mismo arte, invierte el orden de la frase para tratar de hacer de su experiencia más cotidiana una reflexión sobre las condiciones y la naturaleza misma del arte.

Puestos a comprender el proceso mental del artista, merece la pena recordar cómo para Levi-Strauss los símbolos no tienen un significado intrínseco e invariable, a saber, no son autónomos con respecto al contexto, ya que su significado es, ante todo, de posición. En resumen: se trata de un problema de emplazamiento o dis-posición, que se puede ver, por ejemplo, en las estructuras pictóricas de aparentes cuadros monocromos que en verdad son libretas para escribir o un muestrario de telas, así como en los librillos de fumar que uno detrás de otro replican un motivo constructivo y constructivista. Problemática que entronca con la famosa Teoría Institucional del Arte, según la cual el mismo mundo del arte, esto es, su contexto crítico de recepción, crítica y difusión, prescribe qué es o qué no es arte. Ahora bien, desde una posición ciertamente crítica, consciente como es que las cosas que parecen lo mismo suelen ser en realidad diferentes.

protocolos2A través de la apropiación de objetos y textos, las referencias externas que tocan al arte y la literatura, de Beuys a Mondrian pasando por Barthes, como se puede ver, son muchas y heterodoxas. Y a pesar de ser con frecuencia muy literales, tanto como unos títulos de obras que describen neutralmente lo que uno ve, a veces no resultan tan evidentes, sino que se muestran veladas, funcionando como un guiño que deja entrever un chiste privado, una broma o un gag visual.

Establecer la diferencia entre ironía y humor siempre ha sido un asunto delicado. Al cabo se puede ser gracioso mientras se es, al tiempo, muy crítico. En todo caso, la operación se gesta siempre desde una economía de medios como la que organiza el trabajo de Misha Bies Golas, que desde el gesto mínimo trata de desestabilizar la normalidad que preside nuestra percepción. Los chistes funcionan a partir de un principio de condensación: cuando más limpia sea la elisión operada entre las cosas, más leve sea la acción y más inesperado sea el remplazo de una por la otra, más profunda será la dislocación que se opera en nuestra mente.

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