3 de enero de 2018

Todas las abstracciones

 

La lectura de las obras que Rodrigo Martín (Langreo, 1986) presenta en la galería Gema Llamazares es, desde un primer momento, pluritextual. La serie de piezas, trabajadas con acrílico y donde domina la abstracción, se relacionan entre sí a través del color pero también de las formas. Es esta una exposición donde el artista busca mostrar la evolución que su trabajo ha tenido en los últimos años, aunque también resulta importante señalar el cambio de punto de vista en las obras, cuya referencia evidente pasa por el Expresionismo Abstracto americano, pero donde hay importantes resquicios, tal y como vemos aquí, de una herencia directa de la abstracción española.

Al igual que el grupo abstracto de los 50 en nuestro país se tomó su posición estética como una postura arriesgada, contraria a los ideales de un régimen político que rechazaba las formas que no lograba comprender, Martín reivindica con su trabajo la vuelta a la pintura como experiencia, el color como fondo y protagonista, y la forma como eje central de la tela. Como Javier Maderuelo señala, a propósito de los abstractos españoles, sus raíces no beben del constructivismo, el expresionismo abstracto o el lirismo francés, sino que la impronta de otros artistas anteriores, como El Greco, Ribera, Goya o Velázquez, es más decisiva. Es lo que Maderuelo denomina el “pensamiento trágico y místico de nuestros poetas y en el temperamento, mitad fogoso mitad sobrio, del carácter español”, y que destilan algunas obras de Martín en esta exposición. El artista trabaja las posibilidades de un plano desplegándose sobre sí mismo, las formas geométricas combinándose con veladuras de distintos colores (primarios y sus saturaciones) y que dejan, en un momento y otro, entrever un trazo expresionista negro. Tanto este negro, siempre presente en el trabajo de Martín, como la geometría, son sucesoras de esas posibilidades múltiples de la abstracción, tanto expresionista como matemática.

En este intento de Martín por romper y a la par continuar trabajos suyos anteriores, él mismo busca abrir una brecha en cada obra, donde el negro, absoluto protagonista en otras series, se transforma aquí en un agente diferenciador, dependiente de la forma, y que se muestra confundiendo plano, contraplano y fondo y forma. Por primera vez en su trabajo, el artista incorpora la curva, que estéticamente se aleja de la geometría dominante anterior, y aporta, casi por sorpresa, la posibilidad de la ruptura con la rectitud de la forma geométrica y lineal.

Esta exposición, que muestra el trabajo más reciente de Martín, es un ejercicio de pureza visual a la vez que reivindica la abstracción y el propio medio pictórico, en un momento que está, precisamente, floreciendo. Si cada cierto tiempo se anticipa fatídicamente la muerte de la pintura, lo cierto es que aquí nos plantamos ante otras posibilidades no sólo del medio sino de la forma y el color. Lejos de augurios como esos, y a la vista de lo que el artista presenta en la galería, podemos reconocer que la pintura tiene mucho que decir aún. La autorreferencialidad y las influencias diversas de la abstracción toman el protagonismo de unas obras contundentes, directas, sin cortapisas. Martín hace aquí un ejercicio de presentación de sí mismo, su trabajo y su evolución a partir de todo aquello que ha ido cambiando en su trabajo. Como infatigable abstracto que es, reivindica las posibilidades de la forma y el color en el medio pictórico, a la par que rinde culto a la abstracción misma y nos plantea diversas lecturas que van, en cualquier caso, más allá de lo simplemente visual.