14 de diciembre de 2012

Victoria Civera cierra con su exposición la galería Soledad Lorenzo.

civera1Victoria Civera (1955) muestra su sexta exposición individual en la galería Soledad Lorenzo, espacio que clausura así más de un cuarto de siglo de vida dedicado al arte contemporáneo en España.
Nacida en Sagunto, la artista trabaja y reside desde hace varias décadas en Nueva York, donde ha creado la mayor parte de las piezas que se exponen, abarcando la década de los 80 y parte de los 90.
 
“Corazonada” es un título evocador que supone una evidente relación entre las obras expuestas y el fin de una era para la galería. Una acertada muestra que culmina una vida entera dedicada al arte.
Soledad Lorenzo ha escogido a una de sus artistas más veteranas para cerrar esta etapa y lo hace a través de una exposición expresiva y cargada de significados,  reflejo de las experiencias personales vividas por Civera.
 
civera2Desde óleos sobre lienzo a dibujos, esculturas o pequeñas piezas, “Corazonada” recoge un gran número de obras en las que destaca el uso de los textiles o las formas redondeadas en lo pictórico. Un primer tramo de la exposición nos muestra una serie de dibujos y acuarelas de la última década  en los que los colores caen como derramados, recurriendo a la expresividad de lo cromático; entre las figuras se repiten constantemente cabezas pintadas con grandes trazos, cuerpos que orinan, cuerpos envueltos en confusos ropajes, Alicia en el País de las Maravillas y otras escenas que transmiten una preferencia por cuestiones personales y emociones propias de lo vivido por Civera.
En las pinturas de esta primera sala, de finales de los 80, predominan los tonos blancos, negros y grises, y especialmente las formas redondeadas en el centro de los lienzos. Hay una continua referencia a las formas sinuosas y circulares, incluso en una correspondencia entre una pintura y pieza escultórica textil sobre la pared. Son obras misteriosas, prudentes y más allá de la abstracción son casi de tipo metafísico y trascendental.
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El punto de color en esta entrada la pone un pequeño taburete de hace tan sólo tres años, colocado bajo los dibujos y cubierto en su parte superior por telas de colores vivos rojos y verdes y sobre las que descansa una mariposa. Es quizá un punto naif en la exposición, un impassede recuerdo infantil bajo el sugerente título de “Mamá está en casa”, como la Alicia que se sitúa encima.
Este detalle del uso del textil como soporte matérico para su trabajo se repetirá en varias piezas sucesivas, y tiene una clara referencia autobiográfica, ya que la propia Civera cuenta que su abuela tenía una mercería y que de esta experiencia viene su interés por los tejidos, los botones, las telas…Algo muy interesante y presente en muchas mujeres, que llegan al arte a través del dominio estético de lo textil. 
 
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La evolución de Civera se nota a lo largo de la exposición, siendo la segunda de las tres salas un punto intermedio en su producción en la que progresa hacia piezas más críticas y hace un mayor uso de lo tridimensional y especialmente de los tejidos. Son obras creadas en la década de los 90, y donde aún hay un mayor juego creativo entre pintura-escultura.
Dibujos de trazo blanco sobre papel negro en los que un encapuchado sufre las burlas de unos seres informes, monstruos difícilmente definibles. 
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Y en el resto de la sala, una clara influencia de Louise Bourgeois y sus piezas en tejido; Civera utiliza en sus piezas materiales como calcetines, lanas, cera derretida, terciopelo, arpillera…siendo estas obras de apenas ocho años después de que Bourgeois fuera tardíamente reconocida por el MOMA. La calidez que transmite este uso de la tela sobre el lienzo nos invita a apreciar más detenidamente los temas, siempre recurrentes en cuanto al cuerpo, lo personal, el entorno individual y lo doméstico. Una suerte de ventana a la intimidad de la artista a través de los materiales y jugando con su plasticidad para dejarnos imaginar la calidez de un espacio privado.
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Frente a esto contrasta la última de las piezas “Sueños inclinados” de 2009, que ocupa toda la sala posterior con una pieza de ensamblaje decorada a base de largas líneas verticales de colores flúor con una cubierta de acero inoxidable; una articulación a distinta altura y diferente volumen que contagia al que la mira de una frialdad no salvada por el vivo cromatismo. Resulta interesante aquí cómo se ha pensado la disposición de la pieza en el contexto de la galería, reflejándose en varios cristales de la sala y consiguiendo crear un espacio de colores multiplicados.
Civera ha trabajado siempre desde supuestos formales vinculados a la tradición antiforma y al arte de género, siendo este último especialmente importante ya que fue ella precisamente una de sus introductoras en España en los 90. 
 
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En general es esta una exposición dilatada, que abarca dos décadas de gran producción y con un fuerte sentido expresivo en cada soporte, ya sea en la pintura o en las esculturas de pequeño tamaño, y que nos invita constantemente a entrar en la rutina de Civera a lo largo de esos años, sus influencias y lo vivido en su entorno íntimo y en primera persona. Calidez de una vida y una etapa creativa para cerrar un largo período de una de las galerías más veteranas en Madrid.
Victoria Civera (Port de Sagunt, 1955) vive entre Cantabria y Nueva York. Es licenciada en Bellas Artes por la Escuela Superior San Carlos de Valencia (1977) y entre sus exposiciones destacan las individuales en la galería Soledad Lorenzo, Espacio 1 en MNCARS, galería Thomas Schulte en Berlín o más recientemente en Juan Silió en Santander, por citar algunas. Su obra ha sido adquirida por diversas colecciones como ARTIUM, MNCARS, IVAM, MACBA o Museo Patio Herreriano, entre otras.